• Daniel Eduardo Arenas

Un día puede hacer la diferencia



Cómo les he contado anteriormente sufro de un cuadro de dolor crónico que no ha podido ser diagnosticado o por lo menos tener un nombre, por lo que sigo en estudios clínicos desde más de un año lo que me ha llevado a estar incapacitado y superar la barrera de los 500 días de estar alejado de la normalidad.


Mi nueva vida se ha mantenido entre citas médicas con diferentes especialistas, tratamientos terapéuticos para ayudar a mejorar la calidad de vida entre ellas hidroterapia y acompañamiento psicológico, que en esta etapa de vida considero que aunque uno piense que es lo suficientemente fuerte o que no es de importancia contar con la ayuda de un profesional de la salud mental (como lo he mencionado en otros artículos) ha sido de gran ayuda. ¡¡¡Qué puedo decir!!! mi rutina del día a día cambió del cielo a la tierra, jamás imaginé que mi vida tomaría este camino y menos el vivir con dolor constante que se ha convertido en mi fiel compañero desde que me levanto hasta que me acuesto.




Desde mi humilde experiencia puedo decir de manera categórica que vivir con dolor crónico no es fácil, porque el dolor tiene una condición de subjetividad, no todas las personas tenemos el mismo nivel de tolerancia al dolor y se necesita de un verdadero entendimiento para poder calmarlo y mejorar la calidad de vida. No todos los dolores son iguales e incluso el dolor que uno sufre puede variar de un día a otro; por ejemplo hoy el dolor es más agudo en la columna pero al siguiente día es más agudo en alguna extremidad o el cuello, sumándole que el no poder descansar bien, los cambios emocionales como estar deprimido o sentir ansiedad, concentrarse en el propio dolor, son motivos que pueden contribuir a intensificar el dolor.


Hoy día de las cosas que más valoro y me parece emocionante es pasar un día con el mínimo de dolor y sentir que puedo estar activo (aunque con las restricciones del caso). En mi caso particular levantarme en la mañana sin sentir mi espalda como si fuera un bloque de concreto y saber que ese día podré disfrutar nadar o el hacer mi hidroterapia de la mejor manera, el poder caminar por un período de tiempo más largo y disfrutarlo sin que las piernas flaqueen, ayudar de alguna manera con las tareas de la casa o porque no hacer cualquier diligencia solo, puede parecer poco a simple vista, pero no sé imaginan la alegría que se siente por días o instantes el sentirse de nuevo independiente, útil con vigor y fortaleza.


Un día que sea diferente bajo la condición de enfermedad puede marcar una diferencia muy grande para bien o para mal, yo he aprendido a fijarme más en los días que me siento mucho mejor y dejar pasar desapercibidos los días no tan buenos; porque realmente la vida es sola una, sin importar las dificultades del hoy es posible que mañana sea un día maravilloso y lleno de alegría, he entendido que lo importante es disfrutar los momentos, si el día es de dolor más agudo, se que es un día lleno de atenciones y consentimientos, pero si al contrario mi día es de menor dolor me dispongo ha disfrutarlo aún más y hacer lo que no pude hacer ayer.


Al final de los días no tan buenos aprendo y permito edificarme espiritual y emocionalmente, en los días que son buenos los disfruto al 100%, ya que aprendí que aceptar la vida y sus condiciones es lo más valioso.



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